Katherine Pierce (The vampire diaries)

Obsesión

La simple intención de conseguir o alcanzar algo te incita a destruir, a romper, te perturba. A su vez, este fuerte sentimiento te lleva a perder la razón, a no pensar en otra cosa más que en ello. El poder de destrucción, de ansia, de necesidad, ese efecto psicológico que te hace caer tropezando con la misma piedra cientos de veces, hasta que sangras. Pero sangrar no te importa en ese momento, sigues cayendo y dándote golpes hasta que los músculos empiezan a descoserse y los huesos a quebrar. Pero te da igual, no importa, nada importa. Coges fuerzas de nuevo, para chocar otra vez con esa piedra, que cuanto más esfuerzo pones en superarla, más fuerte te lesionas, más dolor te causas, y más te gusta. La sensación es natural, producida por estímulos que atormentan tu interior, pero… ¿qué más da? Es lo que quieres, lo que has estado buscando, la única razón por la que has respirado durante ese tiempo, que a pesar de ser tan breve, en tu mente ha sido eterno. Cada vez ves más cerca ese objetivo, esa meta. No te percatas de que es imposible alcanzarla de esa forma hasta que el dolor es tan fuerte que ya no tienes fuerzas ni para chocarte de nuevo. Entonces, piensas un poco más y te das cuenta de que ha sido una obsesión más, de las que siempre tienes. Por un momento cruza tu mente otra posibilidad, la de conseguir esa meta por otros medios, pero eso no te afecta, la piedra siempre estará allí y el objetivo se verá precioso, como el Edén de Adán.

Finalmente te das cuenta de cuán absurdo ha sido todo ese esfuerzo, todo ese sufrimiento y dolor causado en vano, cuando te fijas, teniendo la mente en blanco, que simplemente llegabas a esa meta alzando y alargando tu brazo. Que era mucho más fácil de lo que parecía, que todos tus lamentos hubieren acabado con una simple acción, con decir basta a tu obsesión. Pero ya es tarde, tu herida se abre cada vez más, no deja de sangrar, duele, y lo hace mucho. Entonces notas que has terminado, que toda esa manía tuya que te ha atormentado durante tanto tiempo sólo ha provocado tu sufrimiento, tu fin. Es entonces cuando te das cuenta de que absolutamente nadie te puede engañar mejor que tú.

jueves, 21 de julio de 2011

Rutina

Los días se hacen cortos, las noches menos largas, el calor del verano te molesta. Ya no eres feliz, pero tampoco te importa. Sientes que cada vez que esas veinticuatro horas pasan de largo tienes menos tiempo. Despertarte a las tantas, y acostarte a las mismas. Servir, trabajar, sonreír cuando no tienes ganas ni de respirar, sientes el cansancio en cada centímetro de tus ínfimos músculos, pero es lo que debes hacer, así tiene que ser y así es. Maldito verano. Te he odiado siempre por el agobio, hoy te odio más, pero por hacerte tan breve, por pasar de puntillas, desapercibido, sin dejar que disfrute de ti, contigo. Siéntete tan vacío como quien no tiene vida, sólo así podrás comprenderme.